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FESTIVIDAD DE MARIA REINA

Reseña histórica

En los comienzos del siglo XX, en el congreso mariano que tuvo lugar en Lyon en 1900 se hicieron votos para instaurar esta fiesta y añadir a las letanías lauretanas la invocación “Reina del mundo, ruega por nosotros”. Ese deseo tomó carne en el congreso de Friburgo de1902 y en el de Einsieldeln de 1906. Pero fue después de la institución de la fiesta de Cristo Rey, establecida por Pío XI en 1925, cuando empezó a gestarse de forma definitiva una fiesta propia de la realeza de María.

Posteriormente, en 1933, se presentaron a Pío XII miles de peticiones de los fieles encaminadas a lograr dicha festividad. Se suscitaron diversos estudios sobre  el tema y el papa publicó el 11 de Octubre de 1954 su encíclica Ad coeli Reginam, que contiene los motivos histórico- teológicos de este título. Posteriormente, proclamó la fiesta litúrgica de María Reina, que comenzó a celebrarse el 31 de Mayo.

En el calendario reformado la fiesta ha sido transferida al 22 de Agosto, octava de la Asunción, para hacer patente la relación estrecha entre ambas festividades.

El título de reina, no obstante, es atribuido a María por la tradición cristiana desde comienzos del siglo IV, si bien, actualmente, pueda verse con cierta reticencia este título. Las razones para ello son varias: entre ellas el hecho de que el término de reina pertenezca a una época histórica superada, con connotaciones extrañas al hombre moderno, cargadas de elementos más negativos que positivos. Otra de las razones es que al enfatizar este término más la grandeza que el perfil evangélico de María, el culto derivado de este título pueda inclinarse más hacia la mariología de los privilegios que hacia la mariología del servicio. Por ello es conveniente profundizar en el verdadero contenido del título y las razones teológicas que lo fundamentan.
 

Contenido teológico

La encíclica de Pío XII subraya fundamentalmente dos razones que fundamentan este título: el de ser María Madre de Dios y socia del Redentor. Además de estas dos razones, de por sí suficientes, pueden adjuntarse otras fundamentadas en la Escritura: la reina madre o ghebirâh tiene en la tradición de la dinastía davídica un papel que comporta dignidad y poderes especiales, los mismos que le hacen que el rey acceda a peticiones realizadas por la reina madre, como vemos en casos concretos, tales como en la petición de Betsabé a su hijo Salomón (1 Re 2,12-20).

Otra es la relectura que Mt 1,22-23 hace de Is 7,14 o en Mt 2,11 donde los magos adoran a Jesús como rey, en los brazos de Maria, reina-madre del recién nacido. También Lc 1,32b-33 enfatiza el entronque de Jesús con la casa de David, anunciando ya un reino que no tendrá fin. Igualmente en Lc 1,43 Isabel se siente indigna de la visita de la madre de su Señor. Así pues la dignidad real de Jesús se halla indisolublemente unida a la de María, que a través de su maternidad divina la alcanza.

Ahora bien, ¿cómo hemos de entender esa realeza? Si miramos a Jesús y a su forma de ejercerla se nos revelará bien claramente cómo debemos entender la realeza de María, y para ello quizá debamos purificar el término de reina, sin duda cargado de elementos mundanos, dignidades y privilegios poco evangélicos.En el plan de Dios reinar significa servir y servir significa reinar. María se declaró sierva y sigue sirviendo al Hijo en los hijos. Esa es pues la verdadera acepción de este término aplicado a María.
Y en ese sentido, como primera discípula participa de la realeza del pueblo de Dios que todos compartimos en el Espíritu. María acoge el reino de Dios y domina así las fuerzas del mal, como son el pecado, la ley, la muerte, de lo que Cristo libera a los creyentes (Col 1, 13-14; 1 Cor 15,54-56; Rom 7,6) Sirve y por eso reina. 

Un mensaje para nuestras vidas

Esta fiesta, situada al igual que la de la Asunción en el mes veraniego por excelencia, puede pasarnos desapercibida en su importante contenido evangélico y en la belleza del mensaje que nos anuncia. Vamos a transcribir íntegras las palabras que el llorado papa Juan Pablo II hacía el 23 de Agosto de 1981 en el Angelus, ya que ellas nos darán la clave de ese mensaje para nosotros, servidores del reino en 2007.
Decía el pontífice:“Fijando la mirada en el misterio de la asunción de María, de su coronación en la gloria, aprendemos cotidianamente a servir. Servir a Dios en nuestros hermanos. Expresar en la actitud de servicio la “realeza” de nuestra vocación cristiana, en cada estado o profesión, en todo lugar y todo tiempo. Traducir en la realidad cotidiana, mediante tal actitud de servicio la petición venga tu reino que elevamos todos los días en la oración del Señor al Padre”
 
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