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MARÍA Y PENTECOSTÉS PDF Imprimir
  
MARIA
Y EL ESPÍRITU SANTO













María dentro de la iglesia de Jerusalén en los días de Pentecostés
 

En He 1,14 Lucas nos deja claro cómo después de la ascensión de Jesús “todos ellos perseveraban unánimes en la oración con las mujeres y con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos”. De esta forma enfatiza Lucas la estrecha unión de María con la iglesia apostólica de Jerusalén, germen de todas las iglesias cristianas.               
Más adelante- He 2,1- Lucas nos dice textualmente lo siguiente: “Al llegar el día de Pentecostés estaban todos juntos en el mismo lugar”. La exégesis ha sobrentendido comúnmente la presencia de María en ese “todos”, en coherencia con He 1,14. Para Lucas, el Espíritu prometido por Jesús resucitado impelerá a los fieles, revestidos con su fuerza, al testimonio También María se vio plenamente iluminada por el Espíritu y todo lo que ella guardaba en su corazón -Lc 2,51- alcanzaría ahora un sentido nuevo.
Como dice X. Picaza: “Ella dio testimonio del nacimiento de Jesús, del camino de su infancia…dentro de la iglesia, María es una parte de Jesús…Hay algo que ni los apóstoles, ni las mujeres, ni los hermanos habrían podido atestiguar. Le corresponde a María consignar esa palabra única e insustituible al misterio de la iglesia. Por eso aparece ella en He 1,14”
 

Pentecostés y Anunciación 

También es importante poner nuestra atención en  el fuerte nexo existente entre la bajada del Espíritu Santo sobre María en el momento de la Anunciación y sobre la propia Iglesia en Pentecostés. Observemos los puntos de contacto: 

Anunciación 

· María, invadida por la fuerza del Espíritu en su propio interior sale a las montañas de Judea a proclamar las maravillas realizadas por Dios en ella (Lc 1,35) 

Pentecostés

·  La iglesia apostólica de Jerusalén recibe la fuerza del Espíritu dentro de la casa y sale a partir de ese momento a proclamar la Buena Noticia del Señor (He 2,4-12)   Así pues, la fuerza del Espíritu permite tanto a María como a la iglesia naciente ser testigos de las obras hechas por Dios a favor de su pueblo. 

María y el Espíritu Santo 

El Concilio Vaticano II subraya la inhabitación del Espíritu Santo en María de un modo singular (LG 53) a la vez que enfatiza la santidad de María como obra de ese Espíritu en ella, desde el instante de su concepción, conformándola como nueva criatura, modelo de la iglesia (LG 56). La iglesia, como María, es al mismo tiempo madre, pues engendra a los hijos de Dios  y virgen, al conservar las virtudes t6eologales íntegras.       

En la actualidad, diversos teólogos -  Picaza, Von Baltasar, Mühlen, Boff y otros - desarrollan de diverso modo y con diferentes perspectivas esta estrecha relación entre el Espíritu Santo y María, que podríamos resumir en la siguiente frase: “ Al Padre, por Cristo, en el Espíritu con y como María”.
 

Una reflexión para nuestras vidas 

La actitud de María con respecto a la moción del Espíritu Santo, expresado en el fiat de la Anunciación y mantenido a lo largo de su existencia terrena en fidelidad y docilidad a la vez que libertad nos proponen el modelo perfecto de santidad cristiana al que debemos tender.

Para saber más  

X Picaza María y el Espíritu Santo, en Estudios Trinitarios 14 (1981) 
H.U. von Baltasar Sponsa Verbi Cristiandad Madrid 1964 
L. Boff El rostro materno de Dios Paulinas, Madrid 1985


Rosario Cartaya
Consejo de Redacción Revista Miriam

 
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